viernes, 1 de abril de 2011

Un sueño CASI imposible


Un rayo de luz que se colaba por la ventana la despertó aquella mañana de primavera. Miró el reloj y una gran sonrisa se le dibujó en la cara: aún le quedaba 1 hora y 23 minutos para salir. Se levantó y fue directa a la ventana para asegurarse de que el Sol estaba en el cielo sin ninguna nube alrededor; ese día tenía que ser perfecto. Se fue a la cocina a desayunar su vaso de leche calentita con galletas mientras veía las noticias. Eran las 9:36am y todavía tenía que pensar qué ponerse para estar más guapa que nunca. Tras haber estado un rato mirando su ropa, cogió su minifalda vaquera, una camisa a cuadros rosas que le había regalado su mejor amiga y los tacones más altos de todo el vestidor combinados con su bolso preferido. Se fue al baño a peinarse su larga y rubia melena, asearse, perfumarse y maquillarse muy poco, ya que sabía que a su amigo le gustaba verla natural. Le quedaban solo 10 minutos para salir de casa y se apresuró a ponerse los pendientes, el collar, el anillo y las pulseras. Se miró en el espejo y se dio cuenta de que delante de ella había una chica radiante y preciosa. Estaba tan nerviosa y entusiasmada que no pudo evitar dar un salto de alegría antes de salir por la puerta.
            Fue directa al parque donde había quedado sin pararse a mirar ningún escaparate de ropa como hacía normalmente. Nada más verle allá a lo lejos corrió hacia él, cosa que le resultó bastante difícil por culpa de la altura de sus zapatos. Al llegar le dio un fuerte abrazo y se quedó con la oreja en su pecho para escuchar los latidos de su corazón sin que él se diera cuenta. Él le dio un dulce beso en la frente sin saber por qué lo había hecho, solo eran viejos amigos, nada más. Se miraron a los ojos y se quedaron paralizados, después de todo ese tiempo no sabían como reaccionar. Al final él dijo que quería ir a dar una vuelta por el centro de la cuidad y ella aceptó sin ninguna pega, al fin y al cabo lo único que quería era pasar el día a su lado. Primero anduvieron por las calles del casco antiguo, que tenían subidas y bajadas, escaleras y rampas y de vez en cuando se les cruzaba delante de ellos algún gato de colores grisáceos, blanquecinos o rojizos. Cada casa era de un color, con ventanas de diversas formas y plantas con flores de vivos colores en la entrada. Después se fueron a comer a un restaurante que había en un callejón estrecho pero luminoso. Mientras comían estaban hablando de todo lo que les había pasado en ese mes. Él se había ido de la ciudad para estudiar tranquilamente en una casita que tenía a unos 407 kilómetros de allí y así hacer el examen más importante de su carrera universitaria. Ella, por las mañanas, había estado en un instituto como aprendiz de una profesora de filosofía, y por las tardes, trabajaba como camarera en un bar cercano a su casa. Al acabar de comer se fueron a dar una vuelta por el paseo de la playa ya que hacía un día muy soleado y caluroso acompañado de brisas de aire fresco. Al cabo de unas horas, se fueron al castillo y por el camino se fueron haciendo fotos para poder recordar aquel día. Al llegar arriba, como estaban los dos bastante cansados, se sentaron en un banco desde donde se veían las vistas más bonitas de toda la ciudad. No había nadie por allí y decidieron tumbarse sobre el césped que había a su lado para poder mirar las nubes e imaginarse las formas que podían tomar.  Mientras estaban juntos el tiempo pasaba más rápido de lo normal y  sin darse cuenta, en el cielo empezaron a verse todas las estrellas. Ella estaba totalmente asombrada, nunca hubiera imaginado que el chico que estaba a su lado era aquel niño por el que estuvo enamoradísima cuando tan solo era una pequeña niña con sueños casi imposibles. Cuando era pequeña soñaba con vivir en una casa rosa de dos pisos con escaleras de caracol, con su especial amigo y un perro blanco con manchas marrones llamado Toby. Al lado de esa casa tendría que vivir su mejor amiga con su chico para poder jugar a papás y mamás sin tener que andar mucho o para poder hablar desde la ventana como habían visto en varias series de televisión.
Allí estaban los dos jóvenes en la hierba sin decir nada hasta que ella rompió el silencio con una pregunta que le comía por dentro:
-¿Qué estás pensando?- Dijo con una voz tímida. Después de un breve silencio él respondió:
-Pienso en el pasado cuando te veía como mi mejor amiga, pero nunca llegué a imaginarme que podría estar aquí contigo. Pienso en el presente, los dos aquí, tumbados sobre la hierba como si fuésemos dos jóvenes enamorados. Y pienso en el futuro que podría llegar a tener contigo y ¿sabes una cosa? Me encanta.-
Ella por el momento se quedó paralizada, su mejor amigo le acababa de decir que era la mujer de su vida y ese era su sueño casi imposible y le contestó:
-Solo has cometido un error en lo que me acabas de decir: no estamos aquí, tumbados sobre la hierba como si fuésemos dos jóvenes enamorados, sino que, estamos aquí, tumbados sobre la hierba porque somos dos jóvenes enamorados. Y ¿sabes tú una cosa? Me encantaría poder tener un futuro contigo.-
Sin pensarlo más, los dos jóvenes completamente enamorados se miraron a los ojos y se dieron un beso bajo la luz de las estrellas. Él le susurró un “te quiero” al oído que le puso la piel de gallina.

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